Blog de Carlos J. García

Karl Popper, la inducción lógica y la falsación de teorías

Una sensación es la aprehensión directa de uno o más datos, que vienen dados por una cosa o un hecho, exterior a los propios órganos de los sentidos.

Inducir consiste en afirmar o negar una proposición, sin necesidad de tener sensación directa del hecho o la cosa al que se refiera.

La validez de la inducción lógica ha sido rechazada fundamentalmente desde tres enfoques: 1) el escepticismo clásico de Pirrón de Ellis y sus seguidores, recogido por Sexto Empírico, 2) David Hume, y 3) Karl Popper.

Por ejemplo, David Hume[i],  niega la validez de la inducción de modo general, del siguiente modo: «Una realidad que sea distinta de las percepciones y externa a ellas, no se puede afirmar sobre la base de las impresiones de los sentidos ni sobre la base de la relación causal. La realidad externa, no es, pues comprobable, pero el instinto que tenemos de creer en ella no puede eliminarse.»

Antes de entrar a analizar la validez lógica de la inducción, hemos de investigar si, la operación intelectiva de la inducción lógica, es necesaria para el normal desenvolvimiento de la vida, y, más concretamente, de la vida humana, o no lo es.

¿Podríamos vivir si no dispusiéramos de la capacidad de inducir?

Supongamos que declaramos inválido todo conocimiento derivado del uso de la inducción, en tanto declaramos inválida la operación lógica de la inducción. ¿Qué consecuencias se derivan de este supuesto?

¿Tenemos sensación directa de que el tiempo cronológico va a seguir sucediendo desde el presente instante hacia adelante y, consecuentemente, de que el universo o cualquier suceso integrado en él, va a suceder en lo sucesivo? No.

¿Tenemos sensación directa de que ha existido un pasado real (y no la mera memoria de él) y, por tanto, de que las cosas de nuestra propia historia han sucedido de hecho? Evidentemente, tampoco podemos sentir por vía de la sensación y, por tanto, de forma empírica el pasado o cualquier suceso pasado.

En consecuencia, si no hiciéramos uso de la operación lógica de la inducción,  nuestro escepticismo hacia el futuro, hacia el pasado, y hacia todo aquello que no sea directamente aprehendido por los órganos de los sentidos, por razón de su alejamiento físico de nosotros, o por cualquier otra razón que impida la aprehensión directa, sería total.

Ahora bien, ¿cuál es el factor determinante en la producción de la conducta de los seres vivos, y más concretamente de los seres humanos? Un motivo o un fin, relacionados con una expectativa de situación futura.

Un ser humano, cuando camina, camina hacia el futuro y no sólo metafóricamente, también físicamente. Movemos las piernas porque creemos y damos por supuesto que habrá un suelo que jugará el principio de «acción-reacción» cuando el pie se apoye en él, en el instante siguiente.

¿Movería alguien sus piernas si no creyera que el suelo iba a continuar estando allí en el instante siguiente? Obviamente, no. Cualquier conducta presupone el uso de la inducción en tanto está fundada en una expectativa de situación futura, un fin o una meta.

Sin inducción no habría conducta, lo que equivale a decir que el ser vivo se ubicaría en una posición de absoluta pasividad. Ahora bien, si el ser vivo no hace nada, es cuestión de muy poco tiempo que pierda su vida. En pasividad total el ser vivo muere. Ahora bien ¿puede un ser humano ejercer la tarea de conocer si no está vivo? Sin vida no hay conocimiento.

Por lo tanto, si el uso de la inducción es requisito necesario para la vida, y la vida lo es para el conocimiento, creo que es lícito lógicamente concluir que sin inducción no puede haber conocimiento de ningún tipo. De ahí, que podamos  afirmar que una de las condiciones necesarias para que el ser humano conozca y aprenda es creer en la validez de la inducción lógica, y, por tanto, inducir.

El conocimiento del ser humano no puede quedarse materialmente en los meros hechos o propiedades observables de lo existente. Es necesario inducir aquello que no puede sentirse, ni aprehenderse directamente, con el simple fin de conservar la vida, si bien, dicha necesidad, es tanto más marcada cuanto más extenso sea el conocimiento de la realidad que se pretenda efectuar.

En cuanto a la operación de la inducción, también abarca el ámbito que se refiere a pasar, de proposiciones particulares, a proposiciones generales, es decir, de proposiciones acerca de  hechos observados, a hechos no observados, e, incluso, no observables. En el presente artículo me limitaré a investigar este uso de la inducción.

Por ejemplo, Sexto Empírico [ii], que reúne en su libro una diversidad de argumentos del escepticismo clásico, afirma lo siguiente: «Fácil de refutar estimo que es también el modo de la inducción. Pues ya que pretenden afianzar con ella lo general partiendo de los particulares, harán esto recorriendo, o todos los particulares,  o algunos. Pero si algunos, será insegura la inducción, pudiendo contradecir a lo general algunos de los particulares preteridos en la inducción; pero si todos, acometerán lo imposible, siendo infinitos los particulares e indefinidos. Así pues, de lo uno y de lo otro, creo yo, resulta que la inducción vacila.»

En esta misma aplicación de la inducción, también manifiesta su opinión Karl Popper[iii], quien plantea el problema de la inducción de la siguiente manera:

«L1 ¿Se puede justificar la pretensión de que una teoría explicativa universal sea verdadera mediante “razones empíricas”, es decir, suponiendo la verdad de ciertos enunciados contrastadores u observacionales (los cuales, hay que decirlo, están “basados en la experiencia”)?  /Mi respuesta es como la de Hume: No, no podemos; ningún conjunto de enunciados contrastadores verdaderos podrá justificar la pretensión de que una teoría explicativa universal es verdadera.»

Y continúa preguntando Popper:

«L2 ¿Se puede justificar la pretensión de que una teoría explicativa universal sea verdadera o falsa mediante “razones empíricas”?  Es decir, suponiendo que los enunciados contrastadores sean verdaderos, ¿pueden ellos justificar la pretensión de que una teoría universal sea verdadera o la de que sea falsa? / A esto respondo positivamente: Si, suponiendo que los enunciados contrastadores sean verdaderos, basándonos en ellos podemos a veces justificar la pretensión de que una teoría explicativa universal es falsa.»

En otras palabras, Popper, cuando analiza el problema de la validez de las teorías, afirma que, si bien una teoría cuando es puesta a prueba (dada una construcción que permita contrastarla) puede resultar falsa, en ningún caso podrá afirmarse que sea verdadera, por muchos intentos que hagamos por refutarla, sin que su falsedad se ponga en evidencia.

Ahora bien, Sexto Empírico cae en una petición de principio en la que hace uso de la inducción… ¡para plantear el supuesto problema de la inducción!

En el mismo error cae Popper, al considerar que una teoría universal que, por definición, abarca un indefinido número de casos no observados, y no observables, no puede considerarse verdadera, debido a la carencia de observación de tales casos a los que supone, de forma inductiva, su existencia.

Ahora bien, la siguiente pregunta se refiere a si la inducción lógica es suficiente para garantizar la veracidad de las teorías universales. Veamos este asunto con un ejemplo.

Hemos visto, a lo largo de nuestra vida, un conjunto finito de animales con ciertas propiedades a los que se denomina “caballos”, y, todos los que hemos visto que reúnen las propiedades de dicha especie animal, tenían de hecho cuatro extremidades. A partir de ahí inducimos que todos los miembros de dicha especie tienen cuatro extremidades.

¿Es válida la proposición universal que hemos elaborado? ¿Debemos creer en ella o debemos dudar de su veracidad?

A partir de elaborar tal modelo universal de tal especie, tenemos dos posibilidades para enfocar el asunto y acometer el contraste del modelo, y debemos elegir una de las dos siguientes proposiciones:

1-   Los caballos tienen cuatro extremidades, ó

2- Los caballos pueden tener cuatro extremidades —que podría enunciarse también como: Los caballos tienen cuatro extremidades, o no.

Ahora bien, este último enunciado viola la ley del tercio excluso, por el que un predicado debe ser, o atribuido, o rehusado, a un sujeto, y, puesto que el enunciado Los caballos tienen cuatro extremidades, o no, atribuye dos predicados incompatibles al sujeto “caballo”, y, si se atribuye uno, el otro es imposible y viceversa, dicho enunciado no verifica el principio de no contradicción, por lo que no es una proposición lógica.

De hecho, si diéramos a tal enunciado, valor de proposición, nos encontraríamos con lo siguiente:

  • Cuando la persona encuentre caballos de cuatro extremidades no se sorprenderá (¡Ya lo dice su enunciado!) y no descubrirá nada nuevo, afirmando que su enunciado es cierto.
  • Cuando encuentre caballos con diferente número de extremidades tampoco se sorprenderá (¡Ya lo dice su enunciado!), tampoco descubrirá nada nuevo, y seguirá creyendo que su enunciado es verdadero cuando, lo cierto, es que es una contradicción.

Por el contrario, cuando una persona creyera la auténtica proposición de que Los caballos tienen cuatro extremidades, ocurriría algo completamente diferente:

  1. En general, el contraste de la creencia “los caballos tienen cuatro extremidades” va a resultar verdadera en todos o casi todos los casos en que la persona la contraste, y, por lo tanto, la realidad le irá dando información adicional sobre la validez de su enunciado.
  2. Si en alguna ocasión en la recepción de los datos efectuada desde tal proposición, encuentra un caballo que discrepe de ella porque haya perdido una extremidad ―planteamiento absurdo en la práctica, pero para el ejemplo puede valer— la persona en cuestión se sorprenderá mucho de tal hallazgo y descubrirá que en realidad hay también caballos con menor número de patas, con lo que declarará que su proposición general falla en algún caso.

¿Qué hará entonces? Intentará averiguar la razón de la existencia de caballos con tres patas y, cuando la encuentre, agregará a su proposición general nuevos matices referidos a la variedad descubierta. Agregará conocimiento, pero no refutará su proposición general, lo que hará será subdividirla. Por ejemplo hará este nuevo tipo de proposición: Los caballos tienen cuatro extremidades salvo cuando han perdido una de ellas por accidente, proposición que vuelve a enunciarse como ley general, aunque más rica y matizada que la primera de ellas.

¿Qué es lo importante de todo esto? Lo importante es llegar a conocer la realidad lo mejor posible. ¿Realmente importa que una proposición sea verdadera o falsa, si, de hecho, al usarla en el contraste con la realidad, nos permite saber cómo es la realidad en dicho sector  enunciado por ella?

Si por temor a que nuestro enunciado sea falso, no nos atrevemos a enunciarlo de forma unívoca, lo que estamos haciendo es imposibilitar el contraste de una proposición universal, por lo que dificultamos seriamente el descubrimiento de cómo es el sector de realidad que investigamos.

Ahora bien, al contrario de lo que afirma Popper, a continuación trataré de mostrar que si la inducción no resulta suficiente para afirmar la verdad de las teorías, tampoco lo es para afirmar su falsedad, aun cuando  es de indudable utilidad para hacer enunciados unívocos de amplitud universal, que, según se van contrastando, nos permiten acumular conocimiento sobre la realidad. Veamos.

¿Se puede estipular que cuando se encuentra un dato contrario a la teoría que tenemos vigente se puede decir que tal teoría sea falsa, sin necesidad de utilizar la inducción lógica?

Popper cree que basta un único caso contrario a la teoría para que se resuelva que es falsa sin necesidad de la inducción. Yo, por el contrario, afirmo que un dato contrario a la teoría no basta para denunciar la falsedad de una teoría y que, si se tira abajo la teoría, es porque se usa la inducción lógica. Voy a poner un ejemplo.

Hasta un cierto momento histórico existía la teoría de que los astros, incluido la tierra, eran planos  En un momento crítico se descubre que la tierra es esférica mediante observaciones más precisas. La pregunta es ¿Se puede afirmar que la teoría de que la tierra es plana es falsa sin necesidad de utilizar la inducción?

¿Tenemos la posibilidad de obtener sensaciones sobre hechos pasados? Evidentemente, no. ¿Tenemos sensaciones de cómo era la tierra antes de que se haga la teoría de que es esférica? Evidentemente, tampoco. Por tanto, si afirmamos que la teoría de que la tierra es plana es falsa (que siempre ha sido falsa mientras ha estado vigente) lo que estamos afirmando se refiere a todos los momentos, pasados, presentes y futuros sobre la forma de la tierra, y pudiera resultar que la tierra hubiera cambiado su forma geométrica de la noche a la mañana, de donde se podría concluir que tal teoría era cierta, pero que la realidad cambió de forma.

Para no afirmar tal cosa, es decir, para afirmar que la tierra era esférica, que siempre había sido esférica sin utilizar sensaciones (ya que es pasado y no podemos sentir el pasado) necesitamos inducir que la tierra siempre ha sido esférica. Hemos de creer sin pruebas experimentales —vía sensación o aprehensión directa por los sentidos— que la tierra siempre ha sido como enuncia nuestra teoría actual y no como enunciaba la teoría anterior.

Conclusión: para afirmar que una teoría es falsa hace falta la inducción, igual que para afirmar que una teoría es cierta.

Si no aceptamos la validez  de la inducción lógica, simplemente no podemos hacer teorías, ni podemos creerlas ni podemos refutarlas ¿por qué? Porque las teorías, de hecho, se hacen mediante la inducción, y, si no damos validez a la inducción, no tendría sentido que hiciéramos teorías universales. Si las hacemos es porque creemos en la validez de la inducción. Es incongruente negar la inducción, hacer teorías, admitir la falsación o refutación y no admitir  la verificación. O se admite todo o no se admite nada. Pero si no se admite nada, no podemos, ni vivir, ni conocer. No creo que al ser humano le quede otro remedio que valerse de la inducción.

Ahora bien, la validez de la inducción posee un fuerte rigor lógico. Veamos.

Pongámonos en el caso que enuncia Popper de que tenemos pruebas aprehendidas para hacer un modelo teórico universal. Ante tal estado de cosas, podemos afirmar que todos los casos estudiados, hasta el momento de hacer la teoría, cumplen la ley que se enuncia. En este preciso momento y sin haber realizado aún la inducción podemos enunciar el siguiente sistema de posibilidades:

  • Hay más casos de los que hemos observado, quizá un número indefinido (o infinito de ellos).
  • No hay más casos aparte de los que hemos observado.

Si nos atenemos al primero de los dos supuestos, según aquellos que niegan la validez de la inducción, no tenemos legitimidad para afirmar  la ley que hemos detectado en nuestra muestra de estudio.

Fijémonos que, si desde una muestra con un número limitado de casos hacemos el supuesto de que existen más casos, de hecho estamos utilizando la inducción lógica ya que de esos casos que suponemos no tenemos sensación directa. Luego para no hacer la ley a causa de no querer cometer errores con la inducción estamos cayendo en el uso de la inducción. Hay que usar la inducción para no atrevernos a hacer la teoría.

Si suponemos que no hay más casos, entonces ¿qué problema tiene aceptar tal ley, si de hecho ha sido contrastada en todos los casos que existen?

La pregunta es: ¿se puede aceptar la validez de una ley, si tal ley es congruente con todos los casos que hemos estudiado hasta la actualidad? La respuesta es sí. ¿Por qué?

No aceptar la ley, porque pudiera haber casos en los que tal ley pudiera no ser cierta, sería renunciar al conocimiento acumulado por vía de la sensación, y, sin embargo, optar por la formación de conjeturas especulativas de las que no tenemos ninguna experiencia.

En otras palabras, si, dado un conjunto de datos contrastados que siguen una ley lógica, no afirmamos la ley porque pudiéramos encontrar en lo sucesivo otros datos contrarios a la misma, lo que estamos haciendo es apostar por lo que no hemos contrastado, por el potencial conjunto de datos adversos al modelo teórico, sin tener ninguna evidencia de que tal supuesto conjunto de datos exista en la realidad.

Como se puede ver, ante la inducción no se puede no elegir. Es necesario inducir una de las alternativas y, de hecho, siempre se elige una de las alternativas aunque tal elección no se haga explícita.

[i] HUME, DAVID; Tratado de la naturaleza humana; ed. por Félix Duque del original A Treatise of Human Nature (1739-1740); reimpresión 2008; EDITORIAL TECNOS (GRUPO ANAYA, S.A.), Madrid, 2008

[ii] SEXTO EMPÍRICO; Esbozos Pirrónicos; introducción, traducción y notas de Antonio Gallego Cao y Teresa Muñoz Diego; Editorial Gredos, S.A., Madrid, 1993

[iii] POPPER, KARL; Conocimiento objetivo. Un enfoque evolucionista; libro dedicado a Alfred Tarski; trad. de Carlos Solís Santos del original de 1972; EDITORIAL TECNOS, S.A., Madrid, 1988

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