Blog de Carlos J. García

Introducción a la compleja relación entre lo que es y lo que debe ser

En la estricta naturaleza no pueden caber demasiadas dudas de que, generalmente, y salvo por accidente, lo que es y lo que puede ser, coinciden con lo que debe ser. Desde un punto de vista humano, podemos imaginar muchas variantes respecto a lo que es, tal como viene dado por la naturaleza, aunque, tal vez fuera una osadía llegar a afirmar que, algo de ella, debe o debería ser distinto a como es.

Antes de nada, parece imprescindible tratar de investigar la noción de «deber ser» y, sobre todo, si es una expresión que puede contener diferentes significados.

En principio, dicha expresión parece ser sinónima de obligación, de tal forma que, si algo está siendo como debe ser, de ello no se derivarán efectos indeseables, pero si algo que es, no verifica su correspondiente deber ser, entonces estaría ocurriendo, u ocurriría, algo perjudicial.

Ahora bien, ¿en qué podríamos fundarnos para afirmar de algo que es, que es, o que no es, como debe ser?

Una primera posibilidad remite a un examen de las propias consecuencias. Esto se ve claro en la satisfacción, o no, de los estados de necesidad. Cualquier ser vivo en un estado límite de cualquiera de sus necesidades vitales, está en la obligación de satisfacerlas o, en caso contrario, necesariamente, morirá.

En este tipo de casos, las expresiones «debo comer, beber, respirar…» indican claramente que aquello que es, no puede seguir siendo lo que es, salvo que se haga algo al respecto. De la propia naturaleza del ser vivo se desprenden múltiples condiciones en las que las expresiones que contengan un «deber ser» adquieren pleno sentido.

Así, en estos casos, «deber ser» está íntimamente vinculado a lo que «es», si bien, su significado está en relación directa con la vida o la existencia.

Por otro lado, tenemos el factor de la propia naturaleza de especie. En este orden de cosas, dicha naturaleza contiene un determinado conjunto de propiedades que son comunes a todos los individuos de la misma.

Decir, por ejemplo, que un perro concreto, debe ser un perro, simplemente remite a que el individuo debe verificar dicho conjunto de propiedades para ser de aquella especie que es. Dicho en otros términos, las propiedades individuales o particulares de los individuos de una especie no son las que deben ser, si, debido a ellas, no verificaran las de la especie.

Esta consideración puede parecer extraña, pero es de primordial importancia. Los individuos de una especie no deben estar, ni contra la propia especie, ni tratar de mutar la especie por su cuenta y riesgo, ni violar las condiciones universales que hacen posible que la propia especie exista.

Todos los requisitos que debe verificar cualquier especie en orden a su propia viabilidad existencial, han de ser verificados por sus individuos, por cuanto se deben a ella en una gran proporción de su propia constitución. No debemos olvidar que los factores que componen algo particular, son universales.

No obstante, a esto hay que añadir que ninguna especie puede ser viable fuera del ecosistema en el que se encuentran integradas. En la naturaleza viva hay múltiples obligaciones generales que verifican las especies, para que el ecosistema y, por tanto, la vida, siga siendo aquello que es.

Si tenemos en cuenta todas estas condiciones, a la hora de precisar las obligaciones que recaen sobre todo ser vivo, tanto para conservar su propia vida, como el sistema de la vida, que hace posible la suya propia, nos encontramos con un enorme catálogo de deberes, de los cuales no solemos tener conciencia.

Lo cierto es que, en todos estos casos, lo que es, se encuentra estrictamente vinculado a lo que debe ser. El hecho de ser, conlleva un conjunto de obligaciones que justifican una parte de nuestras creencias acerca de lo que debe ser.

Ahora bien, los dos análisis precedentes se centran en ámbitos reales, sobre todo, de esa parte de la realidad que es la naturaleza, y nos conciernen, en la medida en que, hasta cierto punto, formamos parte de ella.

Si examinamos esa otra parte del ser humano que no es reducible a mera naturaleza, derivado de su propia apertura a la realidad y de su forma de constituirse mediante creencias, cabe la posibilidad de que estemos ante un capítulo diferente a los anteriores.

En este ámbito nos encontramos con especificaciones de «deber ser», que, individuos o grupos, generan, y que aplican, a sí mismos, a otros, o a ambos.

Sin duda, de esta ingente producción, hay que destacar, en primer lugar, las obligaciones que una persona puede ponerse o imponerse a sí misma, en segundo, aquellas que puede imponer a otros, y, combinando ambas, las que puede recibir de otros, las asuma o no, como propias. ¿Acaso todas ellas, también está fundadas en aquello que es?

El origen o la finalidad que puedan tener tales obligaciones puede ser, fundamentalmente, de tres tipos: real, anti-real o irreal.

En el primer caso están las obligaciones que, en concordancia con la naturaleza del ser humano y con la naturaleza en general, verifican los requisitos y propiedades de la realidad. Estas formas de «deber ser» suelen estar integradas en los sistemas de referencia internos y su objeto es el propio ser. Es decir la persona se las aplica a sí misma y su disposición es favorable a que otros también las cumplan, pero no las tratan de imponer a terceros.

En el segundo caso, nos encontramos con obligaciones generadas en relaciones de poder a ser, en las que quienes las generan no se las aplican a ellos mismos, pero tratan de imponerlas a terceros, a menudo, con efectos perjudiciales sobre quienes recaen.

En el tercer caso, están las formas de deber ser generadas desde concepciones de ser que no verifican alguna de las propiedades reales, o que, partiendo de alguna concepción de ser compatible con la realidad, la correspondiente de deber ser, o no es viable, o no verifica alguna propiedad real.

Por otro lado, no debemos obviar las profundas divisiones que han existido y que existen referidas a la propia definición o especificación acerca de qué es el hombre y sus correspondientes creencias acerca de aquello que debe ser.

Además, en este ámbito, tampoco hay que olvidar los muchos enfoques educativos, de pedagogía social, de ingeniería de la conducta humana, y tantas otras actividades que, de un modo otro, se efectúan bajo algún patrón formativo.

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